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FILOSOFÍA DE LA TECNOPOLÍTICA

El golpe silencioso a la democracia

¿Qué sucede cuando las instituciones siguen funcionando, pero cambian las condiciones en las que la sociedad se constituye políticamente?

Un recorrido de lectura breve con desarrollos originales, definiciones emergentes y diagramas explorables.

Instituciones democráticas visibles sobre una red de mediaciones técnicas
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MÓDULO 01

Un golpe que no necesita interrumpir las instituciones

La democracia puede conservar sus formas mientras cambian las condiciones bajo las cuales se constituye la voluntad política.

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Un golpe particular

Durante buena parte de la historia contemporánea, los golpes de Estado tuvieron una escena reconocible. Las fuerzas armadas ocupaban las instituciones, las autoridades eran desplazadas, las garantías constitucionales se suspendían. El poder se arrebataba interrumpiendo la relación entre la voluntad popular y las instituciones encargadas de representarla.

Pero ¿qué sucedería si esa relación pudiera alterarse antes de que la voluntad popular adquiriera una forma política? ¿Y si fuera posible intervenir sobre las condiciones en que las personas elaboran sus posiciones, reconocen a sus adversarios, construyen sus identificaciones y se organizan colectivamente?

Esta es la hipótesis del golpe silencioso a la democracia .

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No se trata de un golpe de Estado encubierto ni de una conspiración única que sustituya la voluntad de millones de personas. Se trata de una transformación más profunda de las condiciones en las que la política se constituye. Una transformación que puede avanzar mientras las elecciones continúan celebrándose, los parlamentos funcionan, los partidos compiten y la participación pública parece multiplicarse.

De hecho, existe una paradoja difícil de ignorar. Nunca había resultado tan sencillo expresar públicamente una opinión, responder a un dirigente, compartir una denuncia o participar en una controversia. Sin embargo, esta multiplicación de intervenciones no garantiza una mayor capacidad para elaborar problemas comunes, exigir responsabilidades o constituir fuerzas colectivas capaces de transformar las relaciones de poder.

Podemos encontrar miles de personas indignadas ante una misma medida sin que sus respuestas lleguen a constituir una acción común. Podemos asistir a controversias interminables en las que nadie parece obligado a revisar sus posiciones. Podemos observar liderazgos que adquieren una presencia política extraordinaria sin contar previamente con las organizaciones, trayectorias institucionales o implantaciones territoriales que durante décadas parecían indispensables para alcanzar esa centralidad.

No se trata simplemente de que la política se haya vuelto más agresiva, superficial o emocional. Algo cambió en las condiciones bajo las cuales una intervención política adquiere existencia, una persona llega a constituir una posición y diferentes experiencias consiguen articularse colectivamente.

Para comprender ese cambio necesitamos desplazarnos desde los actores políticos hacia el terreno mismo donde actúan. Ese terreno es el régimen técnico : la organización de tecnologías, infraestructuras y mediaciones que establece las condiciones bajo las cuales una sociedad se informa, se relaciona, participa y produce experiencia pública.

La política nunca existió por fuera de sus mediaciones técnicas. La escritura, la imprenta, la radio y la televisión transformaron profundamente sus posibilidades. Pero la reorganización contemporánea presenta una particularidad: las infraestructuras que distribuyen información también registran comportamientos, organizan interacciones, administran la visibilidad y participan en la configuración de las relaciones políticas.

Para comprender por qué ocurre esto debemos comenzar, curiosamente, fuera de la política.

El golpe silencioso
El golpe silencioso. Instituciones visibles y condiciones técnicas menos perceptibles.
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MÓDULO 02

La economía que reorganiza nuestra experiencia

El registro de la actividad cotidiana se enlaza con la organización de los entornos donde transcurre la vida social.

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Cuando la experiencia humana se convirtió en un recurso económico

Imaginemos una actividad cotidiana: abrir una aplicación, detenernos frente a una imagen, reproducir un video, leer un comentario, avanzar hacia otra publicación. Nada de eso parece formar parte de un proceso productivo. Son gestos que realizamos mientras nos informamos, nos entretenemos o conversamos.

Sin embargo, cada uno puede producir información rentable: cuánto tiempo permanecimos frente a un contenido, qué elegimos, qué ignoramos, ante qué reaccionamos y qué recorridos realizamos.

La digitalización permitió registrar estas actividades; el desarrollo de grandes infraestructuras de procesamiento, sistemas algorítmicos e inteligencia artificial amplió las posibilidades de clasificarlas, relacionarlas y extraer inferencias sobre comportamientos futuros.

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Así adquirió una importancia económica extraordinaria algo que anteriormente resultaba mucho más difícil de capturar sistemáticamente: los rastros de nuestra experiencia cotidiana.

El concepto de excedente conductual , desarrollado por Shoshana Zuboff, permite nombrar una parte de estos registros: información derivada de las actividades humanas que puede utilizarse para producir predicciones. En determinados modelos comerciales, esas predicciones y las posibilidades de intervenir sobre comportamientos futuros se convierten en recursos económicos.

No significa que cada acción humana se venda literalmente como una mercancía independiente, ni que todas las plataformas funcionen mediante el mismo negocio. Significa que el registro y el procesamiento sistemático de conductas se han convertido en componentes fundamentales de nuevas formas de valorización.

Esta transformación contribuyó a consolidar un sistema tecnoindustrial en el que las grandes infraestructuras digitales participan simultáneamente en actividades económicas, culturales y políticas.

Su singularidad reside en esa simultaneidad. Para producir valor, una plataforma necesita atraer actividad; para sostener esa actividad, debe organizar experiencias; y al organizarlas, interviene sobre los modos en que las personas se informan, prestan atención, se vinculan y expresan sus posiciones.

La producción económica y la organización de la experiencia dejan de ser operaciones separadas.

Aquí aparece una primera consecuencia política, aunque todavía indirecta. El diseño de los entornos digitales responde, entre otros criterios, a necesidades comerciales: atraer usuarios, sostener su permanencia, multiplicar interacciones, registrar comportamientos y mejorar sistemas de recomendación.

No es necesario suponer que esas empresas persiguen deliberadamente un proyecto político uniforme. Alcanza con reconocer que sus decisiones económicas pueden transformar profundamente las condiciones en las que millones de personas experimentan la vida pública.

El sistema no necesita comenzar preguntándose cómo modificar la democracia. Puede reorganizar una parte decisiva de sus condiciones mientras persigue objetivos de rentabilidad, crecimiento y acumulación.

De la experiencia al poder de organizarla
De la experiencia al poder de organizarla. La actividad cotidiana se registra, procesa y puede reorganizar exposiciones posteriores.

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Los territorios privados donde transcurre nuestra vida social

Las plataformas suelen presentarse como herramientas. Una aplicación sirve para comunicarnos; otra, para mirar videos; otra, para informarnos; otra, para trabajar.

Pero esta imagen resulta insuficiente cuando una parte creciente de nuestras relaciones depende de ellas.

Una plaza no es simplemente un área para caminar. Una escuela no es únicamente un servicio de transmisión de conocimientos. Son espacios donde se organizan encuentros, vínculos, comportamientos y formas de reconocimiento.

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Algo semejante ocurre con las plataformas digitales. Han adquirido el carácter de ambientes sociales: territorios técnicos donde se desarrollan actividades y relaciones fundamentales.

La diferencia es que sus reglas de funcionamiento son establecidas, en gran medida, por empresas privadas.

La dependencia infraestructural aparece cuando participar en actividades socialmente importantes requiere atravesar sistemas cuyas condiciones no controlamos. Organizaciones, empresas, instituciones públicas e individuos utilizan esas infraestructuras porque ofrecen capacidades reales, pero también porque abandonarlas puede implicar perder contactos, públicos, servicios u oportunidades.

Se conforma así un circuito de dependencia: cuanto más central resulta una plataforma para una comunidad, mayores son las razones para permanecer en ella, incluso cuando sus condiciones resulten desfavorables.

Dentro de esos territorios, la interfaz no es una superficie inocente. Un botón de reacción, un menú desplegable, una notificación o el orden de los contenidos no son simples decisiones estéticas.

Cada elemento establece qué acciones resultan inmediatas, cuáles requieren mayor esfuerzo, qué relaciones se vuelven visibles y qué respuestas están disponibles.

Las plataformas también determinan qué podemos expresar y cómo hacerlo. Establecen los formatos admitidos (texto, imágenes, videos o audios), regulan su extensión y jerarquizan unos sobre otros. Del mismo modo, los límites de caracteres, la duración de los videos y los criterios de recomendación favorecen determinadas formas expresivas. Los formatos breves, las frases contundentes, las provocaciones o los registros de impacto inmediato pueden encontrar ventajas de circulación frente a las explicaciones extensas, matizadas o argumentativas.

La interfaz funciona así como una forma de normatividad: no solo orienta la conducta mediante la organización de las posibilidades de actuar, sino que también interviene sobre las formas de expresión, los lenguajes y los estilos que adquieren mayores posibilidades de visibilidad y reconocimiento público.

Esta regulación puede complementarse con procesos de modulación , en los que las condiciones de exposición y acción se ajustan continuamente según información disponible sobre las interacciones.

La gubernamentalidad algorítmica permite comprender una dimensión más general de este funcionamiento: la organización de conductas mediante registros, cálculos y anticipaciones probabilísticas que no necesitan presentarse como órdenes explícitas.

Un sistema puede favorecer determinadas acciones sin prohibir las alternativas. Puede modificar probabilidades sin controlar completamente los resultados.

Esta distinción será fundamental más adelante. La capacidad técnica de orientar comportamientos no significa que las plataformas puedan fabricar sujetos políticos a voluntad.

Pero sí permite comprender por qué estos ambientes no son equivalentes a medios neutrales que simplemente transportan mensajes.

Y cuando una parte importante de la vida política comienza a desarrollarse dentro de ellos, lo que se transforma ya no es solamente la comunicación.

Se transforma la esfera pública.

La interfaz no es neutral
La interfaz no es neutral. El orden y las opciones disponibles favorecen ciertas acciones sin prohibir otras.

Explorá las decisiones de una interfaz

Los controles no son simples decisiones estéticas. También organizan posibilidades de actuar.

Un botón de reacción, un menú desplegable, una notificación o el orden de los contenidos no son simples decisiones estéticas.

Cada elemento establece qué acciones resultan inmediatas, cuáles requieren mayor esfuerzo, qué relaciones se vuelven visibles y qué respuestas están disponibles.

Un sistema puede favorecer determinadas acciones sin prohibir las alternativas. Puede modificar probabilidades sin controlar completamente los resultados.

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MÓDULO 03

Una nueva esfera pública y una nueva distribución del poder

Cambian las condiciones de exposición, la visibilidad y los recursos necesarios para sostener una presencia pública.

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Una esfera pública reconvertida

La esfera pública es una dimensión fundamental de la vida democrática. Allí una sociedad reconoce asuntos de interés común, construye interpretaciones, discute responsabilidades y disputa las condiciones bajo las cuales se toman decisiones colectivas.

Durante décadas, los medios masivos ocuparon una posición central en su organización. Seleccionaban asuntos, proponían encuadres, jerarquizaban protagonistas y contribuían a establecer los criterios desde los cuales las personas evaluaban acontecimientos.

Ese sistema estaba lejos de ser igualitario. Existían concentraciones empresariales, exclusiones, manipulaciones y fuertes desigualdades de acceso a la palabra.

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Pero había una característica relevante: la circulación masiva exponía una parte importante de los mensajes ante públicos relativamente heterogéneos. Además, las respuestas podían continuar elaborándose en espacios parcialmente exteriores a la infraestructura que había organizado la exposición: sindicatos, asociaciones, escuelas, universidades, organizaciones políticas, ámbitos laborales o redes interpersonales.

Las plataformas transformaron esta relación en varias dimensiones decisivas.

La primera es la microsegmentación .

Una intervención política puede dirigirse a públicos diferenciados según hábitos, intereses, comportamientos y perfiles inferidos. Personas pertenecientes a una misma sociedad pueden encontrar versiones muy distintas de un conflicto, de un dirigente o de una medida gubernamental.

Esto no significa que antes todos recibieran la misma información ni que hoy cada persona viva encerrada en una burbuja impermeable. Significa que las posibilidades de organizar exposiciones diferenciadas se ampliaron considerablemente.

Una propuesta puede presentarse como una oportunidad económica ante ciertos públicos, como una batalla contra privilegios ante otros y como una cuestión de principios ante un tercer grupo. Las contradicciones entre esas versiones pueden permanecer dispersas, sin encontrar fácilmente una escena común donde ser contrastadas.

La segunda transformación es la compresión de intervalos .

Anteriormente, informarse, evaluar, responder y volver a hacer pública una intervención podían requerir operaciones, espacios y tiempos relativamente diferenciados. Hoy, esas acciones pueden realizarse dentro de una misma secuencia técnica.

Vemos una publicación, la valoramos, reaccionamos, comentamos y la compartimos sin abandonar el entorno donde apareció.

La diferencia no es solamente la velocidad. Es que los espacios disponibles para procesar una intervención, contrastarla con otras experiencias o elaborar una respuesta pueden quedar incorporados al mismo circuito que organiza su circulación.

A esto se agrega la recursividad . Las interacciones producen registros que pueden utilizarse para reorganizar exposiciones posteriores. La respuesta no llega necesariamente al final del proceso: puede convertirse en un insumo para su continuación.

Incluso una reacción adversa puede contribuir a prolongar la presencia de aquello que cuestiona.

Otra modificación es la exposición incidental . Una persona que no busca información política puede encontrar regularmente contenidos políticos mientras realiza otras actividades. Puede reaccionar ante ellos, participar en controversias y quedar incorporada a circuitos de circulación sin haber decidido previamente involucrarse en un debate público.

La esfera pública anterior no desaparece. Se reconvierte en un espacio de exposiciones diferenciadas, interacciones registrables y recorridos condicionados por infraestructuras privadas.

Pero todavía falta comprender quién consigue adquirir presencia y autoridad dentro de ese nuevo espacio.

De los medios masivos a las plataformas
De los medios masivos a las plataformas. La transformación histórica modifica las mediaciones sin eliminar las anteriores.
¿Qué cambia cuando el mensaje no debe hablarle a todos?

La exposición diferenciada puede modificar los límites que enfrenta una intervención política.

En los medios masivos, dirigirse a públicos extensos podía introducir una fricción: una misma formulación quedaba relativamente expuesta a audiencias heterogéneas capaces de cuestionarla.

La microsegmentación facilita que una intervención particularmente intensa sea orientada hacia públicos con predisposiciones compatibles, sin necesitar sostener la misma aceptabilidad ante el conjunto. Esto no garantiza adhesión ni impide que el mensaje trascienda su segmento.

¿Por qué importa la exposición incidental?

La política puede alcanzar a quienes no la buscaban.

Una persona que utiliza una plataforma para entretenimiento, vínculos o trabajo puede encontrar contenidos políticos en ese recorrido. Las plataformas permiten intervenir sobre la experiencia de personas que no habían decidido participar en una controversia política.

Esto amplía oportunidades de interpelación y de contacto con personas poco vinculadas con la política organizada, pero exposición incidental y captura tecnopolítica no son equivalentes. La captura exige una orientación estratégica persistente de las condiciones de subjetivación.

Un mismo conflicto, exposiciones diferentes
Un mismo conflicto, exposiciones diferentes. Una reforma laboral puede aparecer ante públicos mediante configuraciones políticas diferentes.

Tres formas de presentar una misma medida

Las intervenciones remiten a una reforma laboral, pero sus configuraciones interpelantes no son idénticas.

Un actor político puede presentarla como una oportunidad para recuperar la prosperidad económica.

Una organización puede cuestionarla mediante un examen de sus efectos sobre las condiciones de trabajo.

Un creador de contenido puede convertirla en una escena de enfrentamiento entre quienes desean transformar el país y quienes supuestamente se oponen a cualquier cambio.

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La nueva distribución de la visibilidad y el poder político

En la política tradicional, los partidos, las organizaciones territoriales, los medios masivos y las instituciones constituían vías importantes para producir reconocimiento público.

No han perdido toda su eficacia. Sin embargo, ya no explican por sí solos por qué ciertos actores adquieren centralidad mientras otros permanecen prácticamente invisibles.

Las plataformas organizaron una nueva arquitectura social digital: un diseño de relaciones, jerarquías y posiciones donde la atención se distribuye de manera profundamente desigual.

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El modelo de seguidores y seguidos constituye una expresión sencilla de esa arquitectura. Podemos establecer una relación con alguien que no necesita reconocernos como interlocutores. Unos pocos concentran audiencias enormes, mientras millones participan desde posiciones de escasa visibilidad.

Se configura así una pirámide de la atención en la que aparecer públicamente no equivale simplemente a tener algo interesante que decir.

En este escenario adquiere importancia el capital de circulación digital .

Una publicación exitosa puede alcanzar millones de reproducciones y desaparecer al día siguiente. Pero si esa intervención deja una audiencia reconocible, una red de amplificación, formatos que pueden reutilizarse y mayores posibilidades de que las próximas publicaciones sean encontradas, comienza a producirse algo diferente: una capacidad acumulada para sostener presencia futura.

Ese capital no pertenece exclusivamente a los dirigentes.

Periodistas, militantes, comentaristas, editores, influencers y cuentas satélite participan en la transformación y circulación de configuraciones políticas. Recortan discursos, construyen escenas, las dramatizan, agregan interpretaciones, seleccionan tonalidades y vinculan acontecimientos que originalmente aparecían separados.

Una intervención extensa puede convertirse en una breve escena de confrontación. Una propuesta administrativa puede transformarse en una promesa de prosperidad. Una experiencia de injusticia puede adquirir visibilidad mediante testimonios, registros y explicaciones capaces de relacionarla con otras experiencias.

Los mediadores no transmiten intacto un mensaje: participan en la constitución de aquello que distintos públicos llegan a reconocer como una configuración política.

En La nueva política tecnomediada, este proceso es denominado conversión distribuida . Es el proceso mediante el cual redes de mediadores modifican una configuración política, transformando su circulación en eficacia política mientras acumulan capital para sí mismos.

El capital de circulación digital puede convertirse así en capital político cuando los recursos acumulados adquieren eficacia como autoridad, representación o capacidad de intervención y decisión.

La novedad es que los actores políticos dependen crecientemente de recursos y mediaciones cuyo funcionamiento no controlan por completo. Su aparente comunicación directa con la sociedad puede sostenerse sobre una extensa red de traducciones, plataformas, condicionamientos técnicos y comunidades de amplificación.

¿De qué se compone el capital de circulación digital?

Llamaremos capital de circulación digital a una capacidad relacional acumulada para producir visibilidad, amplificación, persistencia y rendimiento en esos circuitos, distribuida de manera desigual y convertible solo de forma contingente en capital político. Su valor no reside en una propiedad intrínseca del actor. Depende de su inscripción en redes, formatos, mediaciones y reglas de selección que hacen posible reiterar la presencia. Este capital puede incluir competencias técnicas para producir y editar materiales, recursos narrativos capaces de condensar problemas, manejo de repertorios afectivos, conocimiento de ritmos de publicación, redes de amplificación, capacidad organizativa, inversiones económicas y disponibilidad temporal para sostener una presencia continua.

La pirámide de la atención
La pirámide de la atención. La visibilidad no se distribuye de manera uniforme entre las posiciones de las redes.
Polo interpelante, red de mediadores y eficacia para el polo, con capital de circulación acumulado por los mediadores y posibles conversiones políticas y económicas.
La conversión distribuida. Las redes de mediadores pueden convertir la circulación en eficacia pública para un polo y, al mismo tiempo, acumular recursos circulatorios propios. Las conversiones posteriores son contingentes.
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MÓDULO 04

Cómo llegamos a constituirnos como sujetos políticos

La política no encuentra siempre sujetos ya formados: las relaciones políticas se articulan mediante operatorias variables.

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La voluntad política no está esperando un mensaje

Buena parte de las explicaciones habituales sobre la comunicación política presupone una escena sencilla: existe un dirigente que emite mensajes y una población que los recibe, los interpreta y finalmente expresa una opinión.

Pero esa representación deja sin explicar algo fundamental.

¿Por qué una misma persona exige pruebas rigurosas cuando escucha una propuesta y acepta explicaciones generales cuando escucha otra? ¿Por qué puede sostener una posición desde principios innegociables y evaluar otra mediante cálculos circunstanciales? ¿Por qué una intervención despierta indignación inmediata mientras otra, incluso referida a un problema semejante, apenas consigue interesarla?

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La respuesta no puede encontrarse únicamente en el contenido de los mensajes ni en las supuestas características de cada individuo.

Para comprender estas diferencias debemos reconstruir cómo alguien llega a constituirse como sujeto político.

Para ello necesitamos ampliar la noción de campo político. No se trata solamente de un espacio de competencia entre actores especializados, sino de una configuración de relaciones entre polos interpelantes, disposiciones presubjetivas y mediaciones, constituida sobre un régimen técnico que condiciona sus posibilidades de eficacia. Un polo interpelante es una configuración política y simbólica capaz de suscitar adhesión, rechazo u orientación. Puede articular dirigentes, organizaciones, demandas y tradiciones, pero su presencia efectiva depende también de los formatos, las redes y los mediadores mediante los cuales adquiere reconocimiento público.

El individuo posee experiencias, memorias, disposiciones, valores, intereses, afectos y vínculos sociales que no constituyen, por sí mismos, una posición política determinada.

Llamamos presujeto a esa heterogeneidad de disposiciones susceptibles de adquirir articulación política. El concepto nombra una dimensión constitutiva desde la cual pueden organizarse relaciones políticas diferentes.

La subjetivación política ocurre cuando parte de esa heterogeneidad se articula efectivamente como una relación con lo político. No exige una identidad estable ni participación institucional. Una adhesión, un rechazo, una exigencia o una interpretación pueden constituir una relación política sin abarcar la totalidad de la persona.

Pero estas relaciones tampoco se organizan siempre del mismo modo.

Los regímenes de subjetivación política permiten distinguir, al menos, cinco operatorias analíticas.

En el régimen deliberativo, adquieren predominio el contraste de razones, la comparación de alternativas y la exigencia de justificación.

En el axiológico, la relación se organiza principalmente mediante principios, valores y límites normativos.

En el afectivo, una intensidad emocional (esperanza, indignación, miedo, entusiasmo, resentimiento) adquiere centralidad para orientar adhesiones y rechazos.

En el generalista, predominan explicaciones amplias que organizan acontecimientos heterogéneos bajo categorías poco diferenciadas y pueden cerrar un problema sin someter sus relaciones a contrastes suficientes.

En el pragmático, la posición se organiza mediante evaluaciones situacionales de resultados, costos, consecuencias y alternativas.

Estos regímenes no clasifican personas. No constituyen identidades psicológicas permanentes ni forman una escala de mayor o menor racionalidad. Pueden combinarse, modificarse y adquirir predominio en diferentes relaciones.

La afectividad no supone ausencia de razones. La deliberación no garantiza una posición democrática. Los principios pueden sostener demandas igualitarias o justificar exclusiones.

La cuestión decisiva es otra: una misma persona puede organizar su relación con diferentes polos políticos mediante operatorias distintas.

Esta variación es lo que denominamos interpelación diferencial .

No significa simplemente que cambie de opinión según el tema. Significa que, dependiendo del polo interpelante, de sus mediaciones, de la trayectoria de exposición y de las disposiciones involucradas, puede cambiar la propia forma de organizar la relación política.

Un discurso puede llegar mediante una explicación institucional, un video emocional, una interpretación de un comentarista o una conversación cotidiana. Aunque remita a un mismo dirigente, su configuración interpelante no es idéntica.

La pregunta ya no es únicamente qué piensa una persona, sino bajo qué condiciones una determinada forma de relación con lo político consigue activarse y estabilizarse.

Y esa pregunta abre el núcleo del problema contemporáneo.

Constitución del sujeto político
Constitución del sujeto político. El campo, los polos interpelantes, las mediaciones y las disposiciones presubjetivas forman relaciones donde diferentes regímenes pueden adquirir predominio.

Cinco regímenes de subjetivación

Explorá sus diferencias. Los regímenes no clasifican personas ni forman una escala de racionalidad.

En el régimen deliberativo, adquieren predominio el contraste de razones, la comparación de alternativas y la exigencia de justificación.

En el axiológico, la relación se organiza principalmente mediante principios, valores y límites normativos.

En el afectivo, una intensidad emocional —esperanza, indignación, miedo, entusiasmo, resentimiento— adquiere centralidad para orientar adhesiones y rechazos.

En el generalista, predominan explicaciones amplias que organizan acontecimientos heterogéneos bajo categorías poco diferenciadas y pueden cerrar un problema sin someter sus relaciones a contrastes suficientes.

En el pragmático, la posición se organiza mediante evaluaciones situacionales de resultados, costos, consecuencias y alternativas.

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MÓDULO 05

La captura tecnopolítica y la disputa por el tiempo

Actores y mediadores pueden procurar estabilizar de manera persistente ciertas formas de relación con lo político.

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La captura tecnopolítica: intervenir antes de que la voluntad se estabilice

La captura tecnopolítica aparece cuando actores y redes de mediación intervienen estratégicamente sobre las condiciones de interpelación para favorecer de manera persistente determinadas formas de relación con lo político frente a otras.

Su objetivo no es simplemente conseguir que alguien apoye una medida o rechace a un adversario. Es intervenir sobre las condiciones bajo las cuales ciertas operatorias de subjetivación resultan más accesibles, recurrentes y estables.

La diferencia es fundamental.

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Toda estrategia política intenta producir algún efecto. Una campaña busca reconocimiento, un discurso procura persuadir, una organización intenta movilizar adhesiones.

La captura introduce una operación más específica: utiliza recursos de exposición, formatos, mediaciones, ritmos y repertorios de participación para establecer una ventaja persistente de determinadas formas de subjetivación.

La estrategia de captura necesita algo más que una reacción inicial. Puede reiterar escenas semejantes, mantener reconocibles determinadas interpretaciones, actualizar antagonismos y organizar repertorios mediante los cuales nuevas experiencias se incorporen a la misma forma de relación.

La plataforma ofrece condiciones especialmente favorables para estas operaciones: permite multiplicar variantes, observar respuestas registrables, modificar formatos, segmentar exposiciones y reiterar intervenciones a costos comparativamente reducidos.

Los mediadores desempeñan aquí una función decisiva.

La captura puede resultar de una estrategia coordinada, pero también ampliarse mediante intervenciones relativamente dispersas que convergen en favorecer determinadas operatorias. Diferentes participantes pueden aprender qué escenas circulan, qué tonalidades producen reconocimiento y qué formatos consiguen sostener una configuración política.

Conviene evitar, sin embargo, una confusión frecuente.

Las plataformas no realizan necesariamente una captura política cada vez que recomiendan un contenido. La extracción de datos, la optimización comercial y la captura tecnopolítica pertenecen a niveles diferentes.

La infraestructura produce condiciones desiguales de exposición. Los actores políticos pueden aprovechar esas condiciones para intervenir estratégicamente sobre las posibilidades de subjetivación. Ambos procesos pueden reforzarse, pero no son idénticos.

Tampoco existe una operatoria exclusivamente capturable.

La configuración técnica contemporánea puede ofrecer ventajas frecuentes a determinadas intervenciones afectivas: escenas breves, reconocibles, intensas, capaces de reactivar emociones y orientar respuestas inmediatas.

También pueden resultar eficaces las explicaciones generalistas que ofrecen interpretaciones rápidas de acontecimientos complejos o las apelaciones pragmáticas que organizan expectativas sobre beneficios futuros.

Pero una estrategia de captura también podría procurar estabilizar formas axiológicas o deliberativas. No existe una asociación necesaria entre captura y emoción, ni entre deliberación y resistencia.

Lo que define la captura no es el régimen elegido, sino la intervención persistente orientada a producir una disponibilidad desproporcionada de determinadas formas de relación con lo político.

Las disposiciones presubjetivas son heterogéneas, las experiencias pueden contradecir las interpretaciones ofrecidas y las intervenciones pueden producir indiferencia, rechazo o efectos imprevistos.

La captura trabaja sobre probabilidades. Aprovecha desigualdades existentes y procura ampliarlas. Puede producir ventajas importantes sin controlar completamente sus consecuencias.

Su eficacia depende, finalmente, de una cuestión que suele pasar inadvertida: no basta con activar una relación política una vez. Importa conseguir que vuelva, persista y encuentre condiciones para estabilizarse.

Por eso la captura es inseparable de la disputa por el tiempo público.

Condiciones de interpelación, uso estratégico y ventaja persistente entre regímenes de subjetivación política.
La captura tecnopolítica. Uso estratégico de las condiciones de interpelación para favorecer y estabilizar determinados regímenes de subjetivación política.

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El tiempo público: una distribución desigual de las posibilidades políticas

Las plataformas no solo organizan qué contenidos encontramos. También intervienen en las condiciones temporales bajo las cuales nos relacionamos con ellos, elaboramos respuestas y constituimos posiciones políticas.

Esta dimensión resulta fundamental porque los regímenes de subjetivación no necesitan las mismas condiciones temporales para activarse, estabilizarse o modificarse. Algunas operatorias encuentran mayores facilidades en la respuesta inmediata y la reiteración; otras requieren intervalos, contrastes, memorias o expectativas que deben sostenerse durante períodos diferentes.

La temporalidad política no designa simplemente la velocidad o la duración de los acontecimientos. Se refiere a la organización histórica de las condiciones bajo las cuales los problemas aparecen, persisten, se encadenan, reclaman respuesta, reaparecen o desaparecen.

El régimen técnico contemporáneo constituye también una infraestructura temporal. Y su transformación más importante no consiste en que todo ocurra más rápido.

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La compresión de los intervalos

Recordemos una de las características fundamentales de la nueva esfera pública: la integración de operaciones que antes conservaban una separación relativa.

La exposición a una información, su valoración, el procesamiento de lo recibido, la reacción, la interacción y la recirculación pueden desarrollarse hoy dentro de una misma secuencia técnica.

Podemos encontrar una noticia, experimentar una reacción, expresar una posición y compartirla sin abandonar la pantalla donde apareció. Incluso una opinión puede comenzar a elaborarse en el propio acto de expresarla públicamente.

La novedad no es la existencia de respuestas inmediatas, que siempre formaron parte de la vida política, sino la integración ordinaria de esas operaciones, su escala y la posibilidad de registrar las conductas producidas durante ellas para intervenir sobre exposiciones posteriores.

Esta compresión se combina con otras características temporales de las plataformas.

El flujo integra acontecimientos heterogéneos en una actualización permanente: noticias, conflictos, entretenimiento, declaraciones y experiencias personales compiten por la atención dentro de una misma secuencia.

La anticipación orienta esa atención hacia lo que está por aparecer: la próxima notificación, la respuesta de un dirigente, una nueva provocación, el siguiente escándalo. No solo esperamos novedades; también aprendemos a intervenir antes de que un acontecimiento haya terminado de desarrollarse.

Las interfaces, mediante notificaciones, desplazamiento continuo y determinados mecanismos de recompensa, pueden reforzar esa disponibilidad permanente para recibir, reaccionar y continuar.

El resultado es una reorganización de las condiciones del tiempo político. Algunos intervalos se comprimen, ciertas experiencias son rápidamente sustituidas y determinadas formas de respuesta encuentran una compatibilidad mayor con el funcionamiento ordinario de las plataformas.

Pero esas condiciones no afectan de manera equivalente a todas las formas de relación con lo político.

Los cinco regímenes de subjetivación política que estudiamos anteriormente permiten reconocer diferentes relaciones entre activación, persistencia y elaboración. No se trata de cinco tipos de personas ni de temporalidades exclusivas. Una misma persona puede organizar sus relaciones políticas mediante operatorias diferentes, y cada una puede requerir combinaciones particulares de intervalo, repetición, memoria, contraste y expectativa.

Ampliación interactiva: ¿Qué tiempo necesita cada régimen de subjetivación?

Explorá las condiciones temporales propias de cada operatoria, sin clasificarlas como tipos de personas.

El régimen deliberativo necesita oportunidades para comparar argumentos, considerar alternativas y revisar una primera interpretación. No requiere necesariamente una reflexión extensa, pero sí condiciones para que las afirmaciones y las objeciones permanezcan disponibles antes del cierre del juicio.

Su estabilización depende de mediaciones capaces de conservar problemas, sostener controversias y permitir que los argumentos vuelvan a ser examinados. El flujo y la compresión de intervalos no eliminan la deliberación, pero pueden aumentar los esfuerzos necesarios para construir esas condiciones.

El régimen axiológico presenta una temporalidad diferente. Un principio sedimentado durante años puede producir una orientación inmediata. Reconocer una injusticia, por ejemplo, no exige comenzar cada vez una deliberación desde cero. Pero esa rapidez depende de una historia previa de experiencias, valores, instituciones y memorias.

Su temporalidad no reside solamente en el instante del juicio, sino en la sedimentación que permite que ese juicio tenga lugar. La dificultad contemporánea aparece tanto en la persistencia de los marcos existentes como en la formación de otros nuevos. Las plataformas pueden reactivar esos principios mediante escenas breves y reconocibles, aunque también pueden favorecer su circulación como consignas desligadas de las experiencias y elaboraciones que les otorgaron consistencia.

El régimen afectivo encuentra una compatibilidad especialmente importante con la compresión de intervalos. Una escena puede producir indignación, entusiasmo, temor o identificación y disponer inmediatamente las posibilidades de reaccionar, comentar o compartir.

Pero la activación afectiva no garantiza su estabilidad. Para sostener una relación política pueden resultar necesarias nuevas escenas que reactiven emociones anteriores, mediadores que renueven sus objetos y narrativas que otorguen continuidad a la identificación.

Así, la respuesta inmediata puede combinarse con una reiteración prolongada. La temporalidad afectiva no se reduce al instante: una identificación puede mantenerse durante años mediante experiencias, memorias y reactivaciones sucesivas.

El régimen generalista presenta otra afinidad con los tiempos breves. Las explicaciones amplias y poco diferenciadas permiten producir una orientación reconocible sin atravesar contrastes prolongados. Frente a acontecimientos diferentes, una misma fórmula puede ofrecer una interpretación inmediata y cerrar rápidamente el problema.

La reiteración de esas explicaciones en distintos contenidos y mediadores puede producir familiaridad y reforzar su apariencia de validez. Su revisión, en cambio, requiere condiciones para conservar objeciones, distinguir situaciones y confrontar las generalizaciones con experiencias que no encajan en ellas.

El régimen pragmático organiza una temporalidad vinculada con las consecuencias, las alternativas y los resultados esperados. Una medida puede apoyarse por sus beneficios inmediatos o justificarse por una mejora prometida a largo plazo.

El horizonte temporal elegido modifica qué costos se consideran tolerables, cuándo corresponde evaluar resultados y durante cuánto tiempo una expectativa conserva eficacia.

Por eso, la disputa política también comprende la definición de los plazos: pedir paciencia, anunciar una emergencia, prometer resultados próximos o comparar una situación presente con una alternativa considerada peor.

La estabilidad pragmática suele ser condicional y puede modificarse cuando cambian las experiencias, las expectativas o las alternativas disponibles.

Una desigualdad temporal

Cada régimen requiere combinaciones diferentes de intervalo, repetición, memoria, contraste y expectativa para activarse y estabilizarse. El régimen técnico no ofrece las mismas probabilidades ni exige los mismos esfuerzos para todas esas operaciones.

Esto no significa que las plataformas determinen un régimen dominante ni que exista una correspondencia necesaria entre una operatoria y una determinada tecnología. Significa que las condiciones temporales de la experiencia política están distribuidas de manera desigual y pueden intervenir en las posibilidades de estabilización de diferentes relaciones políticas.

La latencia como posibilidad crítica

Aquí adquiere importancia la latencia .

La latencia no significa simplemente lentitud, espera o desconexión. Designa un intervalo activo en el que una exposición puede no traducirse inmediatamente en respuesta, una experiencia puede relacionarse con otras y una primera interpretación puede ser revisada.

Su importancia crítica se comprende precisamente frente al funcionamiento del régimen técnico contemporáneo.

La compresión de intervalos facilita el pasaje inmediato de la exposición a la reacción. El flujo sustituye continuamente unos materiales por otros. La anticipación mantiene la atención dirigida hacia lo que vendrá, mientras las interfaces ofrecen formas de intervención disponibles en el mismo momento en que algo aparece.

En esas condiciones, conservar un problema, relacionarlo con acontecimientos anteriores, recuperar una contradicción o elaborar una respuesta que no reproduzca la forma inicial de la interpelación puede exigir mediaciones adicionales.

La latencia representa la posibilidad de construir ese intervalo dentro de un entorno que tiende a comprimirlo.

No garantiza una interpretación verdadera ni una orientación democrática. Su valor político reside en que permite que la respuesta no quede enteramente organizada por las condiciones de su primera exposición.

Por eso, la latencia no debería pensarse únicamente como una disposición individual a detenerse. También necesita condiciones materiales, técnicas y colectivas: posibilidades de conservar información, reconstruir secuencias, comparar experiencias, sostener conversaciones y hacer retornar objeciones que el flujo había desplazado.

El problema no se reduce, entonces, a las capacidades individuales. Remite también a las características de un régimen técnico que distribuye desigualmente las condiciones para elaborar y revisar las relaciones políticas.

Antes de abordar la articulación colectiva, debemos comprender por qué algunas respuestas circulan sin conseguir convertirse en objeciones políticamente pertinentes.

Leyenda del gráfico: La disputa por el tiempo público
La disputa por el tiempo público. Las plataformas no solo intervienen sobre la velocidad de circulación. La compresión de intervalos, el flujo, la anticipación y la reiteración modifican las condiciones temporales de la experiencia política. Los diferentes regímenes de subjetivación no requieren las mismas condiciones para activarse, persistir o modificarse. La latencia permite comprender la importancia de construir intervalos de elaboración dentro de ese régimen.
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MÓDULO 06

El desencuentro de la palabra pública

Responder no equivale a conseguir que una objeción alcance políticamente a la relación que cuestiona.

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Cuando todos responden, pero el debate no ha comenzado

Imaginemos dos intervenciones sobre la misma reforma laboral.

Una la defiende desde la esperanza de una transformación económica que traerá prosperidad futura. Otra examina detalladamente sus disposiciones y señala posibles pérdidas de derechos laborales.

Ambas pueden contener argumentos, valores, experiencias y emociones. Sin embargo, sus relaciones políticas pueden organizarse desde operatorias predominantes diferentes.

Promesa afectiva de prosperidad frente al examen deliberativo de pérdida de derechos; intercambio sin retorno necesariamente pertinente.
Cuando dos respuestas no consiguen encontrarse. El problema es el desajuste entre las operatorias que organizan la relación política.
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La primera puede considerar que las objeciones sobre consecuencias inmediatas resultan insuficientes para cuestionar un proyecto de recuperación futura. La segunda puede considerar que esa promesa no responde a los mecanismos concretos ni a las consecuencias jurídicas de la medida.

Las dos intervenciones se contestan. Pueden acumular réplicas y contrarréplicas durante semanas. Sin embargo, cada una puede continuar considerando que la otra no respondió aquello que realmente importaba.

Este es el problema del desajuste operatorio .

No se trata simplemente de opiniones incompatibles o de personas que desconocen argumentos. Se trata de relaciones organizadas mediante criterios diferentes acerca de qué debe considerarse relevante para sostener o revisar una posición.

Puede existir intercambio sin que las objeciones lleguen a operar políticamente sobre la relación cuestionada.

Por eso debemos distinguir la respuesta de la capacidad de retorno .

Una respuesta adquiere capacidad de retorno cuando consigue reingresar en la relación política a la que cuestiona, vincular una intervención con sus efectos o contradicciones y abrir una exigencia de justificación, desarrollo o revisión.

Esto no garantiza que el destinatario cambie de posición. Significa que la respuesta ha conseguido constituirse como una exigencia políticamente pertinente dentro de la relación que intenta cuestionar.

Cuatro operaciones pueden ampliar esa posibilidad.

La comparabilidad permite relacionar experiencias, declaraciones, promesas y consecuencias que aparecían separadas. Lo que parecía un episodio aislado puede adquirir otro significado al compararse con situaciones semejantes.

La atribuibilidad permite reconstruir decisiones, actores y mediaciones implicados en una situación. Una experiencia de perjuicio puede permanecer políticamente dispersa si no consigue vincularse con aquello que contribuyó a producirla.

La latencia proporciona condiciones temporales para realizar estas operaciones sin quedar restringidos a una reacción inmediata.

Pero todavía falta un trabajo adicional: reconocer y elaborar las diferencias entre los criterios desde los cuales distintas personas organizan sus relaciones políticas.

La pertinencia recíproca no exige que todas las intervenciones compartan la misma operatoria ni que alcancen un consenso. Requiere que sus diferencias puedan entrar en la controversia y que las objeciones no queden automáticamente descartadas por proceder de otro modo de comprender el problema.

Estas operaciones son importantes para la elaboración democrática, pero ninguna garantiza por sí sola una respuesta correcta, una articulación colectiva o una transformación política.

Incluso pueden emplearse para reforzar interpretaciones previamente constituidas.

Lo decisivo es que amplían las posibilidades de que una contradicción alcance políticamente a la relación que cuestiona.

El problema del retorno también permite comprender cómo se articulan las experiencias individuales y por qué ciertas diferencias pueden quedar subordinadas a una identificación compartida.

Las condiciones para que una palabra retorne
Las condiciones para que una palabra retorne. Comparabilidad, atribuibilidad, latencia y pertinencia recíproca amplían posibilidades de retorno.
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MÓDULO 07

De las reacciones individuales al sujeto colectivo

Una multitud de respuestas no garantiza por sí sola una capacidad común de intervención.

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¿Cuándo una multitud comienza a actuar como sujeto colectivo?

Una publicación recibe miles de comentarios de rechazo. Otra reúne cientos de miles de adhesiones. Una consigna se convierte en tendencia y ocupa durante horas las conversaciones digitales.

¿Estamos ante un sujeto colectivo? No necesariamente.

La agregación reúne respuestas, adhesiones o intervenciones que pueden contarse y hacerse visibles. Pero una cantidad elevada de reacciones no garantiza que quienes las producen hayan constituido relaciones capaces de sostener una intervención común.

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La articulación política comienza cuando experiencias, interpretaciones, afectos y prácticas inicialmente separadas entran en relaciones que modifican su condición aislada y producen una capacidad que ninguna podía sostener por sí misma.

Pensemos nuevamente en una reforma laboral.

Miles de trabajadores pueden experimentar dificultades semejantes sin conocer las experiencias de los demás. Un conjunto de testimonios puede permitir que esas situaciones se reconozcan como parte de un problema compartido. Una organización puede relacionarlas con decisiones concretas, producir interpretaciones comunes y construir posibilidades de acción.

En ese proceso no se suman simplemente opiniones previamente formadas. Las experiencias cambian de significado al entrar en relación, y también pueden modificarse las posiciones desde las cuales quienes participan comienzan a comprenderlas.

El sujeto colectivo se constituye en ese mismo trabajo de articulación.

Pero no todas las articulaciones necesitan realizar las mismas operaciones.

Un liderazgo, una identidad compartida, una promesa de prosperidad o un antagonismo suficientemente intenso pueden reunir experiencias muy heterogéneas sin elaborar todas las diferencias entre ellas.

Las personas pueden coincidir en una pertenencia o en la delimitación de un adversario aunque organicen sus relaciones políticas mediante regímenes distintos.

La identificación común permite sostener una capacidad colectiva sin que todos sus integrantes deban compartir las mismas razones, valores o expectativas.

Cuando esa identificación se organiza alrededor de un adversario, puede constituirse un antagonismo desanclado : una frontera política cuya eficacia no depende de expresar una fractura social previamente consolidada, porque adquiere consistencia en el propio trabajo que articula experiencias heterogéneas.

La diferencia decisiva aparece cuando preguntamos qué puede suceder con las contradicciones que cuestionan a ese sujeto.

¿Consiguen ingresar en la relación que sostiene su identidad? ¿Pueden modificar los criterios desde los cuales se organiza? ¿O quedan excluidas porque toda objeción es interpretada como confirmación del antagonismo?

La cuestión ya no es solamente si un colectivo tiene capacidad para intervenir sobre el poder, sino si las contradicciones pueden retornar sobre él y transformar su propia articulación.

Agregación no es articulación
Agregación no es articulación. La capacidad colectiva requiere relaciones que transformen experiencias inicialmente separadas.

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Dos formas de poder colectivo: cerrar o conservar la posibilidad de cambiar

Un sujeto colectivo puede adquirir una fuerza extraordinaria.

Puede organizar movilizaciones, instalar demandas, sostener identificaciones y conseguir que las instituciones respondan. Desde el punto de vista de su eficacia política, su capacidad de acción puede resultar indiscutible.

Pero esto todavía no nos dice cómo se relaciona con las contradicciones que cuestionan sus propios criterios.

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Llamamos retorno cerrado a una configuración en la que el sujeto colectivo consigue hacer incidir eficazmente su palabra sobre las relaciones de poder, pero restringe las condiciones bajo las cuales las objeciones pueden modificar su propia articulación.

Puede exigir explicaciones a otros sin reconocer como pertinentes las críticas dirigidas a sus principios de organización. Puede sostener un antagonismo inducido en el que cada objeción externa confirma la identidad del grupo y refuerza la frontera que lo constituye.

Su fortaleza política no depende necesariamente de haber elaborado todas sus contradicciones. Puede adquirir consistencia subordinándolas a una identificación compartida.

En cambio, el retorno abierto combina dos capacidades: intervenir efectivamente sobre las relaciones de poder y conservar condiciones para que aquello que contradice al propio sujeto pueda volver sobre él y modificar su articulación.

Exige que la capacidad colectiva no se constituya mediante una clausura sistemática de las contradicciones que podrían transformarla.

Esta distinción permite precisar el problema democrático contemporáneo.

El régimen técnico de plataformas puede ofrecer condiciones favorables para formas de articulación basadas en sincronización, identificación, reiteración y cierre. La captura tecnopolítica puede aprovechar esas afinidades para estabilizar relaciones que contribuyan a determinadas capacidades colectivas.

Otras formas de articulación necesitan esfuerzos adicionales para relacionar experiencias heterogéneas, reconstruir responsabilidades, sostener intervalos de elaboración y conservar abiertas sus posibilidades de revisión.

La diferencia no es entre sujetos emocionales y racionales, ni entre quienes poseen una identidad política y quienes carecen de ella.

Es una diferencia entre condiciones de articulación y retorno.

Una sociedad puede producir sujetos colectivos políticamente muy eficaces y, al mismo tiempo, encontrar crecientes dificultades para constituir capacidades colectivas que intervengan sobre el poder sin impedir que sus propios criterios sean transformados.

Retorno cerrado y retorno abierto
Retorno cerrado y retorno abierto. En ambos casos puede haber incidencia política, pero cambia la relación con las objeciones propias.

Dos formas de poder colectivo

Ambos sujetos pueden intervenir eficazmente sobre las relaciones de poder.

Llamamos retorno cerrado a una configuración en la que el sujeto colectivo consigue hacer incidir eficazmente su palabra sobre las relaciones de poder, pero restringe las condiciones bajo las cuales las objeciones pueden modificar su propia articulación.

En cambio, el retorno abierto combina dos capacidades: intervenir efectivamente sobre las relaciones de poder y conservar condiciones para que aquello que contradice al propio sujeto pueda volver sobre él y modificar su articulación.

El golpe silencioso a la democracia reside en la desigualdad de condiciones para constituir estas formas de articulación colectiva. Mientras el régimen técnico favorece determinadas formas de sincronización, identificación y cierre, la elaboración de diferencias y contradicciones requiere mediaciones comparativamente más exigentes. Así, las instituciones democráticas pueden conservar sus formas mientras se debilitan las condiciones para constituir sujetos colectivos democráticos. El problema conduce, finalmente, a una pregunta decisiva: ¿quién gobierna las condiciones técnicas de nuestra vida política y cómo podemos recuperar la capacidad colectiva de transformarlas?

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MÓDULO 08

Soberanía digital: cómo recuperar la capacidad de decidir

La cuestión democrática también se juega en el gobierno colectivo de las condiciones técnicas de la vida pública.

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La democracia y la soberanía digital

El golpe silencioso no necesita eliminar la voluntad popular. Opera sobre la distribución desigual de las condiciones que permiten constituirla políticamente y articularla colectivamente.

Su funcionamiento puede reconstruirse en varios niveles que se refuerzan sin formar una secuencia inevitable.

Una transformación económica convirtió los registros de la experiencia humana en recursos de valorización. Las plataformas adquirieron una posición central dentro de ese sistema y generaron nuevas dependencias infraestructurales.

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Su expansión reorganizó la esfera pública mediante exposiciones diferenciadas, integración de operaciones y recirculación recursiva. Sobre ese régimen técnico, actores y mediadores adquirieron nuevas posibilidades de acumulación y nuevas capacidades para intervenir sobre las condiciones de aparición de los polos políticos.

La interpelación diferencial hizo visible que esas condiciones no actúan únicamente sobre opiniones previamente formadas. Intervienen sobre las posibilidades de que diferentes regímenes de subjetivación adquieran predominio y estabilidad.

Las estrategias de captura tecnopolítica pueden aprovechar esas asimetrías para favorecer determinadas formas de relación con lo político.

Y, finalmente, las condiciones de articulación colectiva pueden resultar más favorables para ciertas formas de consistencia y cierre que para aquellas que necesitan preservar la posibilidad de elaborar contradicciones y revisar su propia constitución.

Allí se localiza el problema democrático decisivo.

No es necesario que desaparezcan las elecciones, que se prohíba la crítica o que las personas dejen de participar. La democracia puede conservar sus formas visibles mientras se vuelven comparativamente más exigentes las condiciones para constituir sujetos colectivos capaces de incidir sobre las relaciones de poder sin clausurar su propia posibilidad de transformación.

Nada de esto constituye un destino inevitable.

Las estrategias de captura pueden fracasar o debilitarse. Una adhesión puede perder consistencia mediante procesos de desidentificación. Una relación política puede deshacerse mediante la desubjetivación. Nuevas experiencias, interpretaciones y prácticas pueden dar lugar a una contra-subjetivación que reorganice aquello que parecía estabilizado.

Pero la cuestión democrática no consiste solamente en resistir intervenciones individuales. También exige recuperar capacidades colectivas para actuar sobre las condiciones técnicas que organizan la vida pública.

La soberanía digital abre precisamente ese problema: quién decide sobre las infraestructuras, los datos, las reglas de circulación, los sistemas de recomendación y las condiciones de participación.

La propuesta de un ecosistema digital democrático invita a imaginar alternativas cuyo funcionamiento no dependa exclusivamente de maximizar retención, extracción y rendimiento, sino de decisiones colectivas sobre la organización de la experiencia común.

No se trata de reemplazar una tecnología por otra y suponer que la democracia surgirá automáticamente de ese cambio. Se trata de recuperar la posibilidad política de intervenir sobre un terreno que hoy suele presentarse como inevitable.

Porque el problema no es solamente quién gobierna las instituciones.

Es también quién establece las condiciones bajo las cuales una sociedad puede constituirse políticamente, reconocer sus conflictos y adquirir la capacidad colectiva de decidir sobre su propio futuro.

¿Quién decide sobre nuestra vida digital? La soberanía digital abre preguntas sobre el gobierno colectivo de la infraestructura
¿Quién decide sobre nuestra vida digital? La soberanía digital abre preguntas sobre el gobierno colectivo de la infraestructura.
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PARA PROFUNDIZAR

Glosario conceptual

Definiciones completas con enlaces desde el texto.

D01 Golpe silencioso a la democracia

Proceso de desdemocratización que puede desarrollarse sin ruptura institucional, mediante la profundización de desigualdades en las condiciones de constitución y articulación de sujetos colectivos capaces de intervenir sobre el poder y revisar su propia configuración.

D02 Régimen técnico

Organización históricamente situada de tecnologías, infraestructuras, dispositivos y mediaciones que estructura las condiciones de exposición, interacción, participación, circulación, temporalidad y retorno de la experiencia pública. El régimen contemporáneo es híbrido: articula mediaciones digitales y tradicionales.

D03 Excedente conductual

Concepto de Shoshana Zuboff que designa datos derivados de la experiencia y la actividad humana apropiados para producir inferencias y predicciones conductuales, más allá de los usos inmediatos del servicio que los registra.

D04 Sistema tecnoindustrial

Configuración de empresas, infraestructuras, tecnologías y procesos de valorización en la que el registro y procesamiento de conductas se articula con la organización económica, cultural y política de la experiencia.

D05 Dependencia infraestructural

Situación en la que actividades sociales relevantes dependen de infraestructuras cuyas reglas y condiciones de funcionamiento no son controladas por quienes las utilizan. Abandonarlas puede implicar costos significativos de acceso, relación o participación.

D06 Interfaz

Superficie de interacción que organiza las posibilidades concretas de actuar dentro de un entorno técnico. Su distribución de opciones, formatos, estímulos y fricciones constituye una forma de normatividad.

D07 Modulación

Forma de orientación de las conductas mediante modificaciones continuas de las condiciones de exposición y acción, en lugar de depender exclusivamente de prohibiciones u órdenes explícitas. Concepto asociado a Gilles Deleuze.

D08 Gubernamentalidad algorítmica

Forma de gobierno de las conductas que opera mediante datos, correlaciones y anticipaciones probabilísticas, reorganizando posibilidades de acción sin necesitar dirigirse permanentemente a sujetos reflexivos.

D09 Esfera pública

Dimensión de la vida social donde asuntos, conflictos e interpretaciones adquieren relevancia común y se disputan significados, responsabilidades y orientaciones de la vida colectiva.

D10 Microsegmentación

Capacidad técnica de organizar exposiciones diferenciadas para conjuntos específicos de personas según datos, comportamientos, intereses y perfiles inferidos, sin depender necesariamente de mensajes destinados a audiencias amplias.

D11 Compresión de intervalos

Reducción de las separaciones temporales y operativas entre exposición, valoración, reacción, interacción y recirculación. Modifica las condiciones disponibles para procesar y elaborar políticamente una intervención.

D12 Recursividad

Funcionamiento en el que las respuestas e interacciones producidas dentro de un circuito generan información que puede utilizarse para modificar sus siguientes operaciones, incluidas nuevas exposiciones y recomendaciones.

D13 Exposición incidental

Encuentro con contenidos políticos durante actividades que no están orientadas deliberadamente a buscar información o participar en discusiones políticas.

D14 Pirámide de la atención

Organización desigual de la visibilidad en la arquitectura social digital, donde una cantidad reducida de posiciones concentra grandes audiencias y capacidades de circulación.

D15 Capital de circulación digital

Capacidad relacional acumulada para producir visibilidad, amplificación, persistencia y rendimiento reiterable en circuitos tecnomediados. Depende de redes, formatos y recursos articulados, y puede convertirse solo contingentemente en capital político.

D16 Conversión distribuida

Proceso mediante el cual redes de mediadores reformatean, intensifican, temporalizan y redistribuyen configuraciones políticas, contribuyendo a su eficacia pública. Puede favorecer la acumulación de capital circulatorio entre distintos participantes sin garantizarla.

D17 Capital político

Conjunto de recursos reconocidos como eficaces dentro del campo político, vinculados con representación, delegación, autoridad, reconocimiento, trayectoria y capacidad de intervención o decisión. Concepto desarrollado, entre otros autores, por Pierre Bourdieu.

D18 Presujeto

Heterogeneidad de experiencias, memorias, afectos, valores, intereses y disposiciones sociales susceptibles de articularse políticamente. No es una persona incompleta ni una identidad política previamente constituida.

D19 Subjetivación política

Proceso por el cual determinadas disposiciones y experiencias adquieren una articulación efectiva como relación con lo político, sin exigir una identidad estable, participación institucional ni orientación emancipatoria.

D20 Regímenes de subjetivación política

Formas predominantes de organización de una relación política. Los cinco regímenes propuestos son: Deliberativo: contraste de razones, examen de alternativas y apertura a la revisión. Axiológico: primacía de valores, principios y límites normativos. Afectivo: organización de adhesiones y rechazos mediante intensidades emocionales. Generalista: predominio de explicaciones amplias que tienden a cerrar problemas sin suficiente diferenciación o contraste. Pragmático: evaluación situacional de consecuencias, resultados, costos y alternativas. Son categorías ideal-típicas, no tipos de personas. Pueden combinarse y variar dentro de un mismo individuo.

D21 Interpelación diferencial

Variación por la cual distintos regímenes de subjetivación pueden adquirir predominio dentro de un mismo presujeto según la relación concreta entre polos interpelantes, mediaciones, condiciones de exposición y disposiciones presubjetivas.

D22 Captura tecnopolítica

Intervención estratégica sobre las condiciones de interpelación orientada a producir una asimetría persistente entre formas posibles de relación con lo político, favoreciendo el predominio y la estabilización de determinados regímenes de subjetivación. Su eficacia es probabilística, no determinista.

D23 Temporalidad política

Organización de los tiempos y condiciones mediante los cuales las intervenciones políticas aparecen, persisten, son procesadas, generan respuestas y pueden volver a adquirir relevancia pública.

D24 Latencia

Intervalo disponible para que una experiencia o intervención pueda relacionarse con otras, someterse a contraste y adquirir elaboración antes de quedar restringida a la respuesta inmediata. No equivale simplemente a lentitud.

D25 Articulación política

Proceso mediante el cual experiencias, interpretaciones, afectos o prácticas inicialmente separados establecen relaciones capaces de modificar su condición aislada y producir una capacidad de intervención común.

D26 Sujeto colectivo

Capacidad política constituida mediante la articulación relativamente estable de experiencias, identificaciones y prácticas. No es la simple suma de individuos ni necesita homogeneidad interna.

D27 Antagonismos inducidos y desanclados

Fronteras de confrontación política cuya eficacia no depende necesariamente de una división social previamente consolidada y que pueden adquirir consistencia mediante narrativas, identificaciones y circuitos de circulación.

D28 Desajuste operatorio

Situación en la que intervenciones organizadas mediante regímenes de subjetivación diferentes no consiguen reconocer como políticamente pertinentes las objeciones recíprocas, aunque mantengan intercambios intensos.

D29 Capacidad de retorno

Posibilidad de que una respuesta reingrese en la relación política que cuestiona, vincule una intervención con sus efectos o contradicciones y abra una exigencia de justificación, desarrollo o revisión.

D30 Comparabilidad

Condición que permite relacionar acontecimientos, experiencias, declaraciones o consecuencias inicialmente separados, haciendo reconocibles recurrencias, diferencias y contradicciones.

D31 Atribuibilidad

Posibilidad de reconstruir las decisiones, los actores y las mediaciones implicados en una situación para que sus efectos puedan vincularse políticamente con instancias de responsabilidad.

D32 Pertinencia recíproca

Condición en la que diferencias entre los criterios de relevancia de distintas intervenciones pueden incorporarse a una controversia y ser reconocidas como cuestiones políticamente atendibles, sin exigir consenso.

D33 Retorno cerrado

Forma de capacidad colectiva que consigue incidir sobre las relaciones políticas externas, pero restringe sistemáticamente las condiciones bajo las cuales las contradicciones pueden cuestionar su propia articulación.

D34 Retorno abierto

Forma de capacidad colectiva que combina incidencia sobre las relaciones de poder con la conservación de condiciones para que las contradicciones puedan volver sobre el propio sujeto y modificar su articulación.

D35 Contra-subjetivación

Reorganización de una relación política mediante nuevas experiencias, marcos interpretativos, prácticas o mediaciones que modifican la operatoria previamente predominante. No implica necesariamente una orientación democrática.

D36 Soberanía digital

Capacidad política y colectiva para participar efectivamente en las decisiones sobre infraestructuras, datos, reglas de visibilidad, sistemas de recomendación y condiciones de la experiencia digital.

D37 Ecosistema digital democrático

Horizonte de organización técnica, institucional y social que permita discutir y gobernar colectivamente las condiciones de la vida digital mediante principios de soberanía, reciprocidad, transparencia, apertura y participación. No constituye un modelo técnico cerrado.

D38 Campo político

Configuración relacional constituida sobre un régimen técnico, donde polos interpelantes, disposiciones presubjetivas y mediaciones desigualmente eficaces producen posibilidades de subjetivación y disputa política.

D39 Polo interpelante

Configuración política y simbólica capaz de suscitar orientación, identificación, adhesión o rechazo mediante actores, demandas, tradiciones y sus mediaciones públicas.

Fuentes

Colella, L. (2026). La nueva política tecnomediada: Un golpe silencioso para la democracia. Pensagrama. ISBN 978-631-91166-3-2.

Colella, L. (2026). La cebolla y Milei: Capas del poder digital. Pensagrama. ISBN 978-631-91166-2-5.

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